Relatos de Ciencia Ficción

Mes: diciembre 2011

NAVIDAD y el arcángel Gabriel

¡FELIZ NAVIDAD A TOD@S!

Y para festejar la Navidad, nada mejor que un relato de Causa. Efecto que he escrito gracias a la ayuda de Vuelapluma; no trata de la Navidad sino del anuncio del ángel a María.

Espero que os guste.

TIEMPO DE ANUNCIOS

(con Vuelapluma)

-Gabriel, vas a tener que anunciarle a una chica de la Tierra que será la madre de mi hijo.-

La voz de Dios había resonado grave, y por supuesto no admitía réplicas. Por parte de nadie que tuviera algo de sensatez. Eso excluía automáticamente a Gabriel quien, improvisamente presa de una euforia poco natural, empezó a preguntar excitado.

-¿Puedo usar el transmutador influyente? ¿Dónde está? ¿Dónde tengo que ir? ¿Cómo es la chica? ¿Es guapa? ¿Puedo ir solo? Prometo que me portaré bien. Señor…-

Un gesto de Dios fue suficiente para que se calmara un poco. -Tranquilízate. Nada de transmutador. ¿No tienes otras preguntas más apropiadas para la ocasión?-

Gabriel se quedó pensativo. Luego se atrevió a intentar contestar. -¿Cuándo se come?-

El cambio en el color de Dios le puso en el camino correcto: no había acertado con la pregunta. Intentó resolver diversamente la cosa disimulando. -Esteee, bueno, no, Dios mío, ahora en serio. Sí. Yo voy allí a ver la chica esa y le digo que…- se quedó boquiabierto respirando profundamente, para ver si así Dios acababa la frase, pero por lo visto no tenía intención de hacerlo. Lo cual iba a ser un problema, porque Gabriel no se acordaba ya de nada.

-Que va a ser…-

-Ah, sí, que va a ser…-

‘Discontinuidad’ diría aquí Larry Niven.

-¡La madre de mi hijo!-

-¡Viva los novios!- acabó Gabriel, pero la mirada de Dios le congeló. Se dio cuenta enseguida que se había pasado de la raya y que debería haber callado. Y que no había entendido bien. -¿Hijo suyo, Señor?-

-Pues sí, es la única manera de arreglar la ofensa que me han causado. Y para ver si por fin ponen remedio a sus vicios.-

-¿Sin usar el transmutador influyente?-

-¡Claro! El ‘sí’ de la chica debe de ser libre.-

-¿Y si me pregunta algo?-

-Te explicaré yo qué decir. Toma nota.-

***

De repente, el ángel Gabriel se le apareció a una niña. Ella se sobresaltó. No se esperaba una aparición divina; nadie hubiera podido esperarse algo semejante.

-Y tú, ¿quién eres?-

-Yo, ehm- le contestó mirando a su alrededor, casi más perplejo que ella. -Yo soy Gabriel. Me ha enviado Dios.-

-¿Dios? ¿Y cómo puede ser?-

-Bueno, no ha sido sencillo, pero hemos conseguido construir un teletransporte miniaturizador que nos permite bajar a nivel microscópico y…- empezó, pero la expresión de asombro y de incomprensión no desapareció del rostro de Maria. Finalmente Gabriel entendió que no era necesario perder demasiado tiempo explicando detalles técnicos; la chica era espabilada pero posiblemente sus competencias no iban tan lejos.

-No, quiero decir: ¿cómo puede ser que me esté pasando esto a mí?-

-Yo te explico. Dios se ha fijado en ti.-

-Que no se fije tanto en mí, que estoy comprometida.-

-No me refiero a eso. Me refiero a que quiere que tú seas la madre de su hijo.-

-Repito: estoy comprometida. A ver si te enteras, Gabriel. Vuelve a quién te ha enviado y dile que se busque a otra, y que no esté comprometida.-

-Él sabe que estás comprometida, pero quiere que tú seas la madre de su hijo. Y que José acepte al hijo de Dios como si fuera su propio hijo.-

María suspiró, estaba perdiendo la paciencia. -A ver quién se quiere burlar de mí. Soy una joven nazarena, pero no soy una estúpida. Estos pretextos son tan viejos como el mundo. No, gracias, prefiero serle fiel a mi José, que me quiere y me trata como una reina.-

-Sí, claro, estamos informados de ello, y lo compartimos plenamente. Si sólo quisieras compartir con él la maternidad del hijo de Dios, no habría ningún inconveniente al respecto.- Intentó ojear sus chuletas para ver si encontraba alguna respuesta a las objeciones, pero de momento todo lo que le estaba contestando María era nuevo para él, no estaba previsto en el guión.

-María- le dijo al fin -debes creerme. No hay nada de malo en ello.- Pero María ya se estaba armando de un palo grueso y pesado. Curioso cómo podía un ser tan grácil aguantar un palo tan pesado, y levantarlo así…

-¡Vale! No me pegues, ya te lo explicaré. Has sido concebida sin pecado original, eres incapaz de hacer el mal pero siempre puedes decirme que no y yo se lo diré a Dios.-

Esta última frase logró aplacar un poco a los ánimos marianos. -Así me gusta más, Gabriel- le dijo. -Ahora bien, ¿cómo puede ser que me quede embarazada si no conozco varón?-

-¡Esta la sé!- gritó Gabriel, eufórico. Sacó sin ningún pudor todos sus papeles y empezó a contestar a las preguntas de María, como bien sabemos.

***

-Gabriel, ¿cómo te ha ido en la Tierra?- preguntó Dios.

-Muy bien, Señor. Ha sido muy sencillo y casi no he necesitado las chuletas- le contestó, olvidando que Dios había estado controlando todo desde el laboratorio.

-¿No hay nada que quieras arreglar?-

-¿Arreglar? No, ha ido todo a la perfección.-

Dios suspiró y despidió a Gabriel. Luego se fue a una estantería cerrada con llave, la abrió y de allí sacó un artefacto. Era el transmutador influyente. Estuvo reflexionando un momento, luego llamó a un Ángel menor para que lo utilizara. Necesitaba actuar rápidamente, decirle unas palabras a José en sueño, y hablar con los evangelistas para que retocaran un poco su relato de la actuación de Gabriel. La llegada del hijo de Dios se merecía un anuncio un poco más solemne.

¡Hasta el próximo año! (o antes)

Leyendo Niven

Ya voy casi por la mitad de este estupendo libro de Larry Niven: MUNDO ANILLO

Entiendo perfectamente por qué se considera una obra maestra de la ciencia ficción, y yo me la había perdido. Leí hace unos años el tercer libro de la saga de Mundo Anillo, pero me quedé con ganas, y sin entender unas cuantas cosas. Ahora por fin podré poner todo en su sitio. Al acabar este, empezaré el segundo libro de la serie, INGENIEROS DE MUNDO ANILLO.

Y luego… ya veremos. Tengo mucho que escribir, preparar la edición en formato electrónico de Misma Tierra Nuevos Horizontes vol. 1 y acabar de escribir unos cuantos cuentos del Ciclo de CAUSA. EFECTO para que se pueda incluir en el segundo volumen de MTNH. Vuelapluma me ha dado una idea para solucionar un problema narrativo que me mantenía atascado.

Mientras, FELIZ NAVIDAD A TODOS

SSA: los inicios

Aquí está lo prometido: el primer capítulo del Universo de la SSA.

Lo escribí hace casi quince años. Los ordenadores eran bien distintos de ahora, internet era algo más teórico que práctico…

Un día de estos, juntaré todos los cuentos de la SSA en un sólo volúmen, pero de momento os ofrezco esta pieza de museo…

EL EXTRAÑO CONTACTO

Como cada día Gospo estaba literalmente pegado al ordenador cuando su mejor amigo entró en su habitación.

-Hey, Gospo, ¡viejo camello!- dijo el joven con un tono de voz bastante resignado. A un observador externo podía parecer una frase bastante grosera, pero en realidad se trataba de una especie de código secreto que significaba algo del tipo “viejo mío, como ves he vuelto aquí a molestarte pero si quiere me voy enseguida sin necesidad de echarme con tu bate de baseball”.

-¡Gaucho! No te había oído entrar. Ven a ver las novedades de mi fiera, viejo lémur- dijo en toda respuesta el titular de ese infierno caótico que él mismo se atrevía a llamar ‘habitación’ provocando así las protestas de su madre. Esa también era una frase en clave que quería decir más o menos “no te preocupes, he colgado el bate y te tengo que enseñar algo interesante; prueba a ver si encuentras un espacio libre para sentarte, mira y cállate”. Por suerte se conocían muy bien y no necesitaban descodificar cada vez las frases: se disparaba una especie de mecanismo automático, como si tuvieran un traductor simultáneo incorporado; por eso no se peleaban casi nunca.

-Ahora mi fiera se está convirtiendo en interactiva- dijo Gospo con nonchalance, aunque se veía que no había asimilado todavía los términos de la cuestión.

-¿Quieres decir que la vas a soltar en tu jardín?- le contestó el Gaucho, con ese tono tristón y resignado que le distinguía. A veces demostraba no haber todavía asimilado su propio cerebro, es más, incluso parecía próximo a una crisis de rechazo.

-No, no. Quiero decir que he llevado la fiera un paso más adelante, conectándome via modem a los bancos de datos de todo el mundo; ahora prácticamente el ordenador no tiene confines, es parte integrante del mundo entero, no una realidad independiente -. Los términos utilizados eran presumiblemente demasiado complejos para el Gaucho, que fingió haber entendido todo. –No pongas esa cara triste,- siguió Gospo -ahora te enseño en la práctica qué puedo hacer-.

-No puedo evitar de poner una cara triste, mi querido pitón. Si me llaman Gaucho no es por casualidad – contestó, disponiéndose a observar lo que aparecía en el vídeo.

Gospo se conectó a los bancos de datos mundiales realizando alguna operación realmente incomprensible para el Gaucho, sea debido a la velocidad de ejecución (que demostraba además cierta incomprensible familiaridad con el ambiente complejo de la red telemática), sea porque la comprensión de lo que estaba ocurriendo era para el Gaucho una lejana quimera.

-Ahora estoy conectado en directo con todo el mundo, quizás con todo el universo- dijo Gospo, exagerando un poco las potencialidades de su ordenador; por otra parte siempre había sido un pescador, uno de esos que siempre cuentan del pez que se le ha escapado justo al llegar a la orilla, y que siempre siempre siempre era así de grande, tenías que verlo. En realidad se había conectado a internet, nada más. Pero le gustaba fardar. –Desde aquí puedo tener acceso a todos los bancos de datos. Esto significa bancos de datos, correos electrónicos incluso privados y, sobre todo, -dejando la frase en el aire para crear una dosis de suspence -¡videogames!-

Sabía haber pronunciado la palabra mágica, la palabra que iba a revolucionar al amigo sacándole de torpor, de la indiferencia, de la difidencia. Nunca dejará de sorprenderme cuanto a veces una palabra clave muy simple pueda transformar completamente a una persona: eso fue precisamente lo que le ocurrió a una pequeña, caótica habitación en la primera planta de un pequeño chalet de la campiña, sumergida en el verde y equipada con todo tipo de comodidad. En cuestión de instantes la simple mente del joven se aclaró y el Gaucho tristón pareció transformarse de forma instantánea en un alegre compañero, revelando una energía y una fuerza interior insospechables. Solo ahora el verdadero Gaucho se había revelado, al punto que su mote le apretaba, no era en consonancia con su apariencia. Quizás hubiera sido más apropiado llamarle con su verdadero nombre, pero desgraciadamente no lo conocía nadie.

Casi atropelló a Gospo, en un torbellino de “¿donde están estos juegos?, “déjame ver”, “déjame probar”, “¿cómo se hace?” y así sucesivamente. Parecía una fiera sedienta de sangre virtual, continuaba pulsando las teclas a voleo hasta que un “enter” que seguía una secuencia difícilmente repetible de caracteres pintó la colorida pantalla del ordenador de Gospo de un uniforme y apagado color negro.

El Gaucho se paró al instante; vio el amigo a so lado (o debajo de él, el tema se había ido enredando y no había muchos puntos de referencia) y en sus ojos vio unas chispas de terror. Gospo estaba inmóvil, su mandíbula colgando, la mirada atónita y recordaba de lejos a una estrella al punto de estallar en supernova, lógicamente sin tener en cuenta la mandíbula; de hecho, la mayoría de las estrellas, por las informaciones que hemos podido recabar, no posee mandíbula; Gaucho estaba a punto de preguntar qué era ese sutil hilo de humo que le salía de la nariz, pero oportunamente se abstuvo de comentarios y se conformó con levantarse lo más rápido posible y a echar sus mortales, muy mortales, miembros al otro lado de la cama, que parecía ofrecer una más que digna protección.

De repente, mientras Gospo observaba pasivamente la pantalla vacía, dio señales de vida. La pantalla, no Gospo que mantenía el rostro desencajado. Primero fueron pocos píxeles fucsia, luego más colores, manchas de colores, hasta que la pantalla explotó. No en sentido físico, sino sólo en sentido gráfico-visual: explotó en una catarata muy pintoresca de colores que no podían ser casuales, sino que revelaban una dirección oculta; y una dirección excepcionalmente buena.

Se solía comparar estas sensaciones a las transmitida por un caleidoscopio, pero el problema de la generación actual es que nadie ha visto nunca un caleidoscopio y no sabe tampoco como funciona, con lo cual el estallido de colores se puede comparar únicamente a un estallido de colores, y más precisamente al estallido que se consigue tecleando sin vergüenza todo lo que se pueda, luego “enter”, y luego esperando un rato pacientemente sin dejar que la cara se desencaje sin remedio.

El espectáculo, sin embargo, no había hecho más que empezar.

De repente la explosión de colores dejó el campo a un bonito green que podía haber sido traído directamente del club de Golf más importante de Inglaterra. Justo en el centro, paso más, paso menos, estaba un caballero vestido de manera excéntrica (dicho así para no ofender a todos aquellos que no tienen buen gusto en el vestir) con una actitud que hubiera sido la envidia de los mejores presentadores televisivos americanos, el micrófono en la mano y la mirada fija en Gospo, tan intensa que parecía casi real.

Gospo era literalmente entusiasta del descubrimiento, aunque le daba cierta rabia no haber podido entender cómo había llegado hasta allí. Estaba tan feliz que casi se había olvidado de ir a buscar su bate de baseball para acariciar un poco al Gaucho; en realidad pensaba que su amigo podía esperar. El problema era ahora entender como empezar ese extraño juego. Decidió utilizar el procedimiento estándar: pulsar la tecla “shift”.

De repente, la figura se animó, cobró vida, le miró fijamente y dijo: -Perfecto, Gospo, viejo mío. Estas conectado con los verdes pastos del Cielo; tengo que presentarte muchos personajes que viven, operan y se divierten en este sitio literalmente- le hizo un guiño -paradisíaco. Podéis interrumpirme desde el estudio si hay preguntas; aquí vuestro Bernard que os habla y que os quiere dar a conocer a gente realmente de calidad.-

Gospo había vuelto a la inmovilidad anterior, a la cara desencajada, a la mirada sorprendida y volvía a recordar esa estrella a punto de convertirse en supernova, siempre sin contar con las mandíbulas. Parecía incapaz de reaccionar.

Otra figura entro a la verde pradera: parecía bastante joven, pero era difícil atribuir una edad al hombre.

-Aquí con nosotros Agustín, el gran Agustín, uno de los personajes más conocidos por esos llares; amplía el campo por favor. A ver, Agustín, ¿de qué te ocupas habitualmente?-

-Antes, como bien sabes y como creo saben todos, mi ocupación era la teología y también las cuestiones morales; me esforzaba por explicar y hacer más fácil de entender todo aquello que había podido descubrir; aquí, en cambio, nadie necesita ayudas de este tipo ya que, a esas alturas, todos conocen todo en su realidad. Así que… me he reciclado.-

-¿Qué quieres decir?- preguntó el entrevistador con tono de persona interesada.

-Ahora estoy estudiando el fenómeno de los Quarxs, de los que en mis tiempos no se conocía la existencia, sobre todo del punto de vista cualitativo, y no tanto cuantitativo. Los Quarxs, para entendernos, son unos seres «particulares», responsables de las misteriosas desapariciones de objetos en nuestras casas, de súbitas roturas de objetos et coetera. He conseguido también que por este fenómeno se interesaran algunas personas de tu siglo, querido Gospo, creo que vosotros les llamáis ‘científicos’, y sigo estimulándoles intelectualmente albergando la esperanza de conseguir que esos seres se hagan visibles.-

¿Querido Gospo? Parecía casi que estuvieran hablando como si él fuera realmente en conexión bidireccional con ellos. Y si era así, entonces… ¡podía hablar con ellos!

¿Pero cómo? ¿Teclado o voz? Darle a una tecla podía representar hacer desaparecer todo el encanto, con lo cual intentó primero con la voz, método que, a malas, se podía revelar inútil. Su pregunta fue una auténtica banalidad, pero al mismo tiempo era la pregunta más lógica y necesaria.

-¿Quienes sois?- le dijo a la pantalla. Se sentía un poco idiota hablando a una pantalla, pero toda la situación con la que tenía que lidiar era en absoluto anticonvencional. Pero la sorpresa fue aún más grande cuando Bernard le contestó.

-Claro, Gospo, tienes todos los motivos por sorprenderte, por sentirte desorientado y toooodo lo que quieras; dentro de nada tendremos que cerrar la conexión, pero no te preocupes: nos podrás contactar cuando lo desees. Nuestra agencia es más que feliz de encargarse de casos aparentemente insolubles y nuestras posibilidades son- sonrió -realmente infinitas.

-Aquí viene otro de los nuestros, un milanés como tu, que se encarga de coordinar todo el equipo. Pero volvamos a la pregunta: ¿quienes somos?

-Beh, creía que lo habías adivinado: nosotros somos los Santos, estas verdes praderas es el Paraíso y yo tengo muchas ganas de jugar un partido de golf, juego que en el 1200 no existía todavía. Mi nombre es Bernard de Clairvaux. Ya conoces a Agustín, Así como Ambrosio. No conoces a otros de la agencia, pero pronto tendrás la posibilidad de contactar con ellos, apuesto lo que quieras.

-Juan de la Cruz es un experto en saltarse todos los sistemas de seguridad más complejos. Tenemos expertos también en el campo multimedia y en todos los sectores de la realidad virtual. Prácticamente, la SSA, Saints Supernatural Agency, no tiene límites.

-Tenemos que desconectar; Ambrosio, ¿qué podemos decir a nuestro nuevo amigo Gospo?-

-Vemm a laurà- contestó Ambrosio con perfecto acento de Milán. La pantalla, después de otros destellos de colores, se volvió de nuevo negra. La mandíbula de Gospo volvió a desencajarse. Luego, como por arte de magia, todo se acabó y volvieron a la conexión con Internet.

Gospo miró al Gaucho; por su expresión facial entendió que no había soñado, al no ser que se tratara de una alucinación colectiva. La mandíbula volvió a colocarse en su posición natural y Gospo se encogió de hombros.

Al fin y al cabo, ¿quien dice que los Santos no se pueden divertir?

 Hasta después de fiestas con un nuevo Mini Serial.

¡Feliz Navidad a todos!

MiniSerial: Error de Transcripción #11

Y el gran final…

A Martín le gustaba llegar a tiempo a las citas; esa era su idea, casi una obsesión. Que Teresa, evidentemente, no compartía. Cuando consiguieron llegar al chalet del curandero, o del hermano del curandero, o de una empresa puente para ser más precisos, era tarde.

-Justo a tiempo para el té- dijo Teresa antes de bajar del coche, con voz relajada y tono de quien considera que de verdad han llegado justo a tiempo.

-Una hora de retraso. Y eso que yo conducía- le dijo Martín, quién evidentemente no compartía la despreocupación de su socia. La conducción agresiva le había afectado más a él que a ella.

-Bueno, él que dice las cuatro también dice las cinco o las seis.-

-Excusas de poco valor. Llegamos tarde, y punto. Y por tu culpa.-

-Parecéis un matrimonio en sus bodas de oro, pareja.- La voz había llegado de la nada, en cuanto habían cruzado la valla de entrada al chalet. Teresa se sorprendió, Martín no mucho: le podían mucho más los nervios por haber llegado tarde a la cita.

Cuando se acercaron a la puerta de entrada, un zumbido les indicó que podían servirse ellos mismos, entrar y ponerse cómodos. Nadie les había abierto la puerta, así que entraron a la sala de estar donde se reunieron por primera vez con Pedro. Pudieron apreciar cambios interesantes; diríamos tecnológicos. Pantallas planas. En cada rincón. ¿Estaba planeando transformarla en una sala para ver el fútbol el fin de semana?

-Espero os gusten los pequeños cambios aportados- dijo Pedro entrando tranquilamente en la habitación. -No hemos acabado con ellos todavía, pero ya está cogiendo la forma que necesitamos para trabajar.- La afirmación suscitó expresiones interrogativas. Los investigadores estaban acostumbrados a que no les dijeran toda la verdad, a que no les expusieran todos los hechos. Por ello investigaban.

En este caso en realidad no había nada que ocultar; Pedro se dejaba llevar completamente por su sentido de la teatralidad, se recreaba en el misterio y en la suspence como siempre había hecho con sus clientes, era un envoltorio marca de la casa que ya se consideraría irrenunciable.

-Efectivamente, llegáis tarde.- Martín miró a Teresa con cara de desafío, de “ves, te lo dije”, pero ella no le hizo ni caso. -Sin embargo, podemos sobrevivir a ello; con la ayuda de nuestros nuevos compañeros.-

Miraron a su alrededor. No vieron a nadie. -¿Y cuando llegarán?-

-Ya están aquí, entre nosotros.-

Y con un gesto teatral empezó a encender las pantallas de una en una. Y a presentar a los ‘compañeros’.

-Aquí Juan de la Cruz, un experto en saltarse todos los sistemas de seguridad informática. A vuestra derecha, Agustín, que ha empezado a denominar el fenómeno de los Quarxs, pequeñas partículas que hacen que un objeto se presente de repente en una diferente parte del espacio, Ambrosio, que como buen milanés se ha especializado en la detección y desencriptado de las cuentas bancarias offshore, ha hecho mucha experiencia con las cuentas de los milaneses en Suiza pero ahora las Cayman no tienen secretos para él; Francisco Javier es nuestro programador y desprogramador; y Bernardo es nuestro coordinador.

-Cada uno con su pantalla, para estar físicamente presentes. Es la única manera de conseguirlo. Porque, lo creáis o no, todos ellos están muertos.-

Se hizo silencio. Los nuevos compañeros se miraban uno a otro. Y los investigadores… bueno, se puede imaginar. Hasta que Bernardo rompió el silencio.

-Oye Pedro, creía que les habías preparado adecuadamente.-

-Bueno, en realidad quería darles una sorpresa para levantarles un poco los ánimos, les vi muy tristones esta mañana, así que…-

-De tristones nada, no es excusa.- Y luego, dirigiéndose a los investigadores, siguió. -Apreciados, siete en compañía de la SSA, la Saints Supernatural Agency, una agencia de apoyo que os va a ayudar a resolver algunos problemas que Ustedes consideran, hoy por hoy, sin solución. Uno de ellos es el caso del hermano de nuestro anfitrión.-

-De los suicidios- dijo Teresa.

-De suicidios nada- la interrumpió enseguida Francisco Javier. -Los ordenadores no se equivocan de forma tan selectiva. Esto es obra de alguien.-

-No somos la única agencia que opera a un nivel espiritual, querida- le dijo Ambrosio. -La diferencia está en que nosotros sólo operamos haciendo el bien, y el bien es nuestra única recompensa.-

-Es decir, que no cobráis- Martín sacó las sumas rápidamente. -Mola. Me apunto. Veo. Me subo al carro.-

-Pero ¿si no sabes ni qué es lo que hay que hacer?- le contestó Teresa, parándole los pies y rebajándole su entusiasmo.

-Me da igual. Si hay Santos de por medio no puede ser tan malo; además no cobran, y así nos vamos a ahorrar muchos gastos. Ya veo porque Pedro quiere que nos subamos al barco. Seremos un equipo fenomenal los cuatro.-

-¿Cuatro?-

-Pedro, tú, yo y la SSA al completo.-

-Yo no he aceptado todavía.-

-Lo harás, porque sabes que es lo correcto- se limitó a decir Pedro.

Una vez más, demostró estar en lo cierto.

Y fue así como la SSA volvió a trabajar en el mundo, descubriéndolo a los ojos de los humanos y haciendo que parezca algo menos misterioso; el único misterio que permanecía era el mismo de siempre. ¿Cómo conseguía el hombre estropearlo siempre todo?

Como se puede apreciar, la Saints Supernatural Agency ha vuelto. ¿Os acordáis de cuando apareció por primera vez? Fue en mi Islas en el Universo. El próximo jueves, para refrescar un poco la memoria, vais a poder leer el primero de los cuentos de la SSA.

MiniSerial: Error de Transcripción #10

Estamos llegando al final…

-Hola, pareja- exclamó Pedro.

La más rápida en reaccionar fue Teresa, Martín estaba todavía medio dormido. -No somos pareja- dijo.

-Profesionalmente me parece que sí. Sentimentalmente no es asunto mío. Mi hermano y yo éramos pareja. Profesionalmente.- Miró al arma de Teresa, que seguía apuntando a su figura. -¿Puedo pasar o piensas matarme?-

Teresa recapacitó y enfundó el arma. -Claro que puedes, adelante.-

Pedro hizo un paso pero Martín le sorprendió. -Hey, para un momento. Esta es mi casa. Yo decido quién entra y quién no entra.-

Pedro le miró, y dijo -bueno, tienes razón. Entonces dime: ¿puedo pasar?-

-Por supuesto, no voy a dejar a un amigo en el umbral de mi apartamento. Pasa y ponte cómodo.-

-Desde luego…- le dijo Teresa en voz baja.

El rostro de Pedro transmitía paz, tranquilidad, relajación. Como siempre. Parecía haber asimilado la muerte de su hermano y todos los acontecimientos relacionados más y mejor que Martín o que la misma Teresa.

-He estado pensando mucho en la muerte de mi hermano.-

-No me extraña.-

-Hay algo no acabo de comprender. He empezado considerando que un ordenador por sí solo no se puede equivocar en transmitir un mensaje. Reiteradamente. Y, se podría decir, con alevosía. Eso no va con los ordenadores, eso va más bien con los seres humanos.

-Así que he empezado a investigar por mi cuenta. No soy un profesional como Ustedes, pero conozco a mucha gente, y poco a poco he ido tirando del hilo. Y he llegado a una conclusión interesante. Alguien ha actuado positivamente para que lo que ha ocurrido ocurriera.-

Teresa le interrumpió, perpleja. -Bueno, nosotros ya hemos archivado el caso como suicidio, y no me refiero solo al caso de tu hermano (que era evidente) cuanto también a los demás casos de suicidio. Que fueran inducidos o no, en el fondo, ya carece de importancia, sobre todo si han sido inducidos por un fallo informático.-

-Claro. ¿Y si en realidad no se trató de un fallo informático? ¿Si alguien realmente quiso que estas personas se suicidaran o murieran, incluido aquí mi hermano?-

-Vaya.- En Martín se podía leer cierto escepticismo. -Ahora te apuntas a una teoría del complot, por lo visto. ¿Cuál prefieres? En el mercado puedes encontrar unas cuantas.-

-Ríete cuanto quieras, pero tengo pruebas. Y pruebas realmente sorprendentes, que involucran a personajes desconocidos al ciudadano corriente.-

-No vale. No tiene gracia. Una teoría del complot con personas normales… eso no conseguirás venderlo a nadie.-

-No quiero venderlo a nadie, Martín. Porque no tengo nada que vender. Lo único que quiero es que me ayudéis, nada más. ¿Cómo os va en la Central?-

-Podría ir mejor- contestó Teresa. -La verdad es que ahora nos estamos aburriendo bastante; eso de que hay un homicidio interesante cada semana es solo para las series TV, que deben llenar la programación. Pero estamos practicando mucho con el Sudoku on-line.-

-Mi propuesta os va a gustar- dijo convencido. -Vais a pedir excedencia para venir a trabajar conmigo.-

El efecto fue devastador. Los dos sobresaltaron al unísono. Y al mismo tiempo dijeron -¿vamos a hacer qué?- Como si él les pudiera convencer u obligar; el don era propiedad intransferible de su hermano.

-Es cierto- les contestó, como leyéndoles el pensamiento. -Pero sabéis que tengo otros talentos. Especialmente en ‘leer’ a las personas, y también en otros campos, como en la informática, por ejemplo. Sin contar que los muchos años transcurridos a ayudar a los demás con mi hermano, sin dejarnos llevar mucho por el consumismo contemporáneo han dejado cierto colchón que, después del fallecimiento de mi hermano, me permite reconstruir una actividad.-

-Interesante- dijo Martín -pero todavía no entiendo cómo podríamos encajar.-

-Ni porque deberíamos hacerlo- puntualizó Teresa.

-Porque, amigos míos, vamos a descubrir quien ha querido realmente la muerte de estas personas, y también la muerte de mi hermano. Lo podemos considerar un entrenamiento. Luego nos dedicaremos a resolver crímenes informáticos.-

-Para esos ya hay un departamento trabajando.-

-No se ocupa de los crímenes de los que estoy hablando.- Se dio la vuelta, dirigiéndose a la puerta de salida. -Creo que os será suficiente una breve sesión para que podáis entender, necesito veros en mi casa. Ya sabéis como llegar.-

-Pero…-

-Esta tarde, a las cuatro. Os espero.-

Y se marchó sin darles la posibilidad de rebatir.

-¿Qué hacemos?- preguntó Martín.

-Yo no tengo compromisos para esta tarde- le contestó la socia. -Y tu tampoco.-

 

Leyendo a Foster

Retomando ORPHAN STAR de Alan Dean Foster. ¡Cuantos recuerdos!

Estaba leyendo este libro cuando fui por primera vez a la Universidad, para enterarme de los horario de las clases. ¿El año? El 1985, más o menos.

Me senté en un banco en el jardín de la facultad de químicas; en realidad compartíamos edificio de aulas con biología, física etc… al ser pocos, no teníamos un gran poder contractual…

Y ahora me doy cuenta de la necesidad de leer también a los demás libros de la saga, el Misterio del Krang, etc… pero el Mundo Anillo de Niven me está esperando pacientemente.

MiniSerial: Error de Transcripción #9

La historia parecía haber acabado, pero cobró nueva vida con el cuento ‘epílogo y prólogo’ que la sigue incluso en mi libro «Misma tierra…»

Cuando oyó el timbre, Martín estaba ya despierto. En serio. Pero no tenía ninguna gana de levantarse para abrir la puerta. Por suerte era Teresa, y siempre traía las llaves, conociendo bien a su amigo.

-¿Estas presentable?- chilló desde la entrada, una vez cerrada la puerta.

-Claro que sí, llevo el pijama con los patitos que me regaló mi madre el año pasado para Reyes. Lo que pasa es que no tenía ganas de levantarme.-

-Esto es algo que tenemos que corregir.-

Había entrado ya en la habitación de Martín y había abierto la ventana para cambiar el aire. -Aquí falta un toque femenino- dijo, viendo la decoración de la habitación consistente en calcetines, tejanos, camisetas y otras prendas masculinas menos nombrables.

-¿Puedo preguntarte algo, Tere?-

-Dispara.-

No había sido una respuesta con gracia, después de los acontecimientos de hace un par de semanas.

-Quisiera saber porque lo primero que haces es preguntar si estoy presentable.-

-Bueno, porque lo último que quiero es verte en condiciones impresentables. Con tu habitación tengo suficiente.-

-No, no, es que… y ¿si estuviera acompañado?- le dijo, haciéndole entender que a lo mejor en alguna ocasión podría evitar entrar con tal espontaneidad en su casa. Pero ella le miró intensamente. Y expresivamente.

-Ya. ¿Ahora puedo abrir tu armario para prepararte algo más de calle o me voy a encontrar con alguna sorpresa?- Abrió el armario sin esperar contestación y se encontró con una sorpresa. Una montaña de ropa lavada y sin planchar que la agredió cogiéndola por sorpresa.

Ambos se echaron a reír.

-Cómo no te animes a planchar tendré que venir yo a arreglarte todo eso.-

-Tienes razón. Es que no estoy de humor.- Ambos se miraron.

-Yo tampoco lo estoy, el caso de Pedro y Pablo ha hecho mella hasta en mi duro corazón.- Y era cierto. Pero Teresa es una mujer, y las mujeres reaccionan con más vehemencia, con más fuerza… -Mientras, voy a encender la plancha- y se llevó un fajo de camisas y pantalones.

En unos minutos, Martín se había preparado para salir a desayunar, pero Teresa se negó. -Ahora que tengo la plancha caliente, vas a tener que esperarte.- Pero, así, justamente para llevar la contraria, oyeron el timbre. Se miraron sorprendidos.

-¿Esperabas a alguien?- preguntó Teresa.

-Yo no- le contestó Martín. -¿Y tú?-

-¿Yo? ¿Qué dices? ¡Si esta es tu casa!-

-Bueno, como siempre te pasas por aquí…-

-Calla. Y explícame porque tu puerta de entrada no tiene mirilla.-

-Es cierto. Es que…-

-Ahora no, bobo.- Desenfundó el arma. -Tú abres, yo apunto. ¿Preparados?-

-Quizás podríamos antes preguntar quién es…-

-¡Abre!-

Abrió, como por reflejo, o puede que porque nadie se atreve a discutirle algo a Teresa. Teresa estaba apuntando a la altura del corazón, pero se quedó inmensamente sorprendida al ver la cara sonriente y pacífica de Pedro.

Así que… ¡hasta el próximo jueves!

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